La desmedida afición que existe en
tierras levantinas por la caza del zorzal se
transmite con fuerza a tierras Baleares. Allí el
Tordo, es objeto de culto y muy apreciado por sus
valores culinarios y cinegéticos. La caza de esta
pequeña y acrobática ave se viene practicando desde
siempre en las islas y su captura al paso con red en
collados, Fillats en Coll, es todo un ejemplo de
cómo las artes tradicionales de caza luchan por
subsistir.
A sabiendas del comportamiento
migratorio de la especie los cazadores mallorquines
estudian los pasos mas querenciosos de los tordos en
su llegada a las islas procedentes de latitudes mas
frías. Así pues aprovechan los pasillos naturales
que forman los árboles en los altos y collados para
apostarse en una especie de atalaya fabricada con
piedras y camuflada con vegetación. Allí, a primeras
horas de la mañana o últimas de la tarde, cuando mas
movimiento de zorzales hay, desplegarán sus Fillats.
El Fillat no es mas que un sencillo aparejo
compuesto por dos cañas de unos 6 metros de longitud
que sirve de bastidor para una fina red que se
despliega en forma de cuña. El cazador, sentado en
su puesto, sujeta una vara en cada mano, apoya las
cañas en el suelo y extiende la red a la espera de
que algún zorzal caiga en el engaño. Cuando esto
sucede pliega con rapidez la red cruzando las cañas
capturando así al sorprendido tordo. La colocación
de los puestos, el conocimiento exacto de querencias
y horarios de los zorzales, la poda y mantenimiento
de los pasillos arbóreos y la destreza en el manejo
del fillat, hacen de esta disciplina en uno de los
últimos vestigios de las arcaicas artes cinegéticas
de nuestro País..
Como todas aquellas modalidades
cinegéticas que se valen o valían de redes, está es
objeto de innumerables críticas por su mal
interpretada fama de masiva y no selectiva. Nada mas
lejos de la realidad, pues no hay que olvidar que es
el zorzal la única captura que busca el cazador y al
no intervenir escopetas cualquier otra ave recogida
es puesta de inmediato en libertad sin ningún tipo
de lesión. Por otra parte la limitación de permisos,
2000 en todo Baleares, y la reducción del cupo a 20
ejemplares por persona y día, hacen de esta
modalidad una práctica totalmente inofensiva para el
equilibrio de la especie.