Pocas tradiciones cinegéticas
están tan arraigadas entre sus practicantes como la
de la caza de palomas torcaces al paso las palomeras
del Pirineo Navarro. En Francia esta modalidad está
muy extendida, sin embrago en nuestro País solo se
practica en un área muy localizada del Pirineo
Navarro, Etxalar. Solo unas pocas familias tienen el
privilegio de poder cazar en las palomeras y la
tradición va heredándose generación tras
generación desde hace varios siglos. Injustamente
perseguida por ciertos grupos ecologistas, esta
técnica cuenta sin embargo con la firmeza de una
tradición anclada en el pasado del pueblo navarro.
La compleja metodología desplegada
para capturar torcaces y zuritas en su paso anual
por este valle pirenaico es digna del mejor de los
estrategas militares. Divisados los bandos desde
unas torretas dispuestas en las laderas del valle,
los avisadores dan la voz de alarma a palomeros y
cazadores. Los batidores o abatanas situados en los
altos a ambos lados del valle agitan sus banderas,
chaterras, y vocean intentando encauzar los bandos
hacia el centro del valle. Al mismo tiempo, desde
las torretas los animadores lanzan unas paletas de
madera, polotia, que simulan el vuelo de una rapaz,
obligando a las palomas a volar bajo y buscar
refugio en la espesura del bosque. Allí, situadas
en lugares estratégicos se disponen unas redes de
25 x 12 metros, que, accionando un mecanismo en el
momento oportuno, caen sobre las sorprendidas
palomas. Solo cuando las redes han cumplido su
función pueden tirar las escopetas apostadas en los
puestos o chozas ubicadas a ambos lados de las
redes. La gran mayoría de palomas capturadas son
torcaces, si bien es bastante común encontrar
alguna zurita o choloma, como se la conoce en
Etxalar.
A pesar de las críticas que
esgrimen los detractores de esta modalidad por la
captura masiva de ejemplares, se ha demostrado que
el impacto en la especie es insignificante, al menos
en lo que a las palomeras navarras se refiere.