Sin ninguna duda podemos afirmar que
la perdiz con reclamo es la mas extendida de las
denominadas artes tradicionales de caza. La pasión
que levanta esta modalidad únicamente es comparable
con la polémica que suscita su práctica. Para
muchos aprovecharse de la ciega entrega de la
patirroja en época de celo es poco menos que un
asesinato, pero lo cierto es que esta modalidad
encierra una complejidad tan extrema y una
preparación tan minuciosa que la culminación del
lance es lo de menos.
La picadilla, marca el inicio de la
época de celo y de la caza con reclamo mediado el
mes de Enero. Este periodo que suele durar alrededor
de 5 o 6 días se caracteriza por la disgregación
de los bandos y las peleas entre machos.
Una jornada de perdiz con reclamo
comienza con la elección de la plaza, zona donde se
cree pueden estar aquerenciadas las perdices,
posteriormente se han de preparar el tollo, y el
tango o pulpitillo. El tollo es el puesto en el que
deberá esperar el cazador a la entrada de las
perdices a la plaza, debe estar bien orientado y
camuflado a la perfección, ha ser posible
valiéndose de ramas y vegetación propia del
entorno elegido, la tronera, hueco por el que se
vigila la plaza y se dispara deberá ser del tamaño
suficiente para ver y no ser vistos. El tango o
pulpitillo es el soporte sobre el que se coloca la
jaula con el reclamo, debe estar entre 15 y 20 pasos
de distancia respecto al tollo y la jaula a un metro
del suelo aproximadamente. Es importante que la
plaza esté limpia de piedras donde pudieran rebotar
los perdigones y herir al reclamo.
Agazapado en su tollo y armado de
escopeta y paciencia el pajaritero deja trabajar a
su reclamo a la espera de resultados. Este,
valiéndose de su encelado instinto intentará
atraer a hembras con las que emparejarse y a machos
con los que disputar su recién estrenado terreno.
Para ello, y aquí radica la enorme complejidad de
este arte, el reclamo se vale de una interminable
variedad de cantos que, sorprendentemente el cazador
distingue a la perfección descifrando en cada
momento lo que su perdigón pretende y como le
contesta el campo, que así se llama a las perdices
cercanas a la plaza.
Hay infinidad de matices en el canto
pero los básicos se dividen en tres:
Cante Mayor o de Cañón: Utilizado
por el reclamo para llamar al campo y atraer a las
perdices desde gran distancia.
El cuchichió: Cante de pelea y
contienda que se intercambian las perdices ya
cercanas a la plaza.
El piñoneo o besitos: Cante de
pelea o de llamada que solo emiten los machos y que,
utilizado con frecuencia, denota la calidad y sangre
del reclamo.
Ajeo, piolio, claqueo, aguililla,
rifa, regaño, titeo… son solo algunos de los
cantos que además de los principales intercalan los
reclamos en busca del lance definitivo. En verdad el
disparo no es lo mas vistoso de esta modalidad pero
fallarlo puede traer consecuencias terribles para el
reclamo que se deprime y pierde interés si no ve
vencido a su contrincante.